
Era el 3 de febrero de 1959. Después de 23 días de mar desde la ventanilla de la avioneta “vislumbramos el hermoso paisaje de nuestra nueva Patria, casitas sumidas entre el verde de las lomas y las palmeas, a la caricia de las olas y la brisa del mar. Delante el Gran Río Esmeraldas desemboca en el Océano entre islotes llenos de hogares y niños”.
Es uno de los pasajes de la carta dirigida a la Madre Teresa Costalunga, superiora General de las Misioneras combonianas, cuando iniciaba en la Provincia Verde el camino de estas mujeres del Evangelio: hoy, 15 de febrero de 2009, celebran en Esmeraldas sus 50 anos de presencia.
Después de una vigila en la que se entremezclaron recuerdos hechos teatro y plegarias volcados en emocionantes agradecimientos, el la mañana fue celebrada la Eucaristia de alabanza presidida por el Obispo, Mons. Eugenio Arellano, con la presencia del alcalde de la ciudad Ernesto Estupiñan, nutridos grupos de delegados Combonianos, Comboniana, religiosos y laicos.
“En la escalinata del embarcadero, centenares de ojos nos miraban mientras nos daban la bienvenida. Mons. Barbisotti –entonce primer obispo de la Ciudad- nos indicó la costumbre de saludar del pueblo ecuatoriano, un abrazo con palmadita sobre la espalda… Nos sentíamos emocionadas y felices con tan calurosa y cordial acogida”.
Las primeras 4 hermanas eran Anastasia Scoffon –quien muchos consideran una santa-, Albana Pellegotti, Alma Siste Moranduzzo e Agnese Tamanza. Habían salido desde Genova el 11 de enero de 1959. Después de poco tiempo en el mismo año llegaron dos nuevas hermanas, sr. Vanna Pelliza y sr. Elda Merlo quien todavía vive en Esmeraldas sirviendo a todos con disponibilidad en la Curia episcopal.
“Han pasado 50 anos desde este primer encuentro con la tierra prometida. 50 anos durante los cuales Hermanas y pueblo han ido haciendo un camino de fraternidad, marcado de entrega, de vida donada en generosidad con alegrías y penas compartidas, 50 anos de hacer causa común. Algunas generaciones han pasado, cambios profundos se han dado, la Iglesia de Esmeraldas ha crecido, se ha hecho adulta, ha dado frutos”, comenta sor Berta Peralta la actual superiora provincia de las combonianas en Ecuador. Y continua en sus palabras de acogida al comienzo de la Eucaristia:

“Un aniversario es tiempo de mirar atrás, no para añorar alegrías pasadas, ni para llorar tristezas o rumiar amarguras. Es momento para descubrir en nuestro camino las huellas luminosa del Señor quien siempre ha estado a nuestro lado, quien ha ido entretejiendo entre nuestra vida y este pueblo una historia de Salvación”.
Haciendo memoria de los 50 anos de vida misionera en la Provincia de Esmeraldas, sor Marta recuerda como desde la ciudad de Esmeraldas la presencia comboniana se ha ido extendiendo: San Lorenzo, Muisne, Santa María, Carpuela en el Valle del Chota, Las Palmas, Rocafuerte, Limones, El Carmen en Manabí, el Limonal en el Carchi. Desde Ecuador pasaron a Perú, a Costa Rica, a Colombia.
Todas estas presencias dieron frutos para la Iglesia local mas también para la misión universal. La primera comboniana esmeraldeña fue Felisa Quiñónez quien ha servido en tierra ugandés y ahora trabaja en la Misión de Buenaventura (Colombia). Siguió Leonor Flores quien piso tierra africana en Eritrea, Mirys Rodríguez misionera en Chad, Ruth Valencia misionera en Mozambique, Estela Orejuela que está ahora en Etiopia, Elvia Ponce quien se encuentra en Perú para su preparación profesional. No solo desde Esmeraldas salieron vocaciones para la Misión Universal de la Iglesia: en todo son 22 las ecuatorianas que anuncian a Cristo en las distintas parte del mundo.

“Un aniversario, un Jubileo como el que estamos celebrando es también tiempo para pedir perdón, perdón por la veces que hemos dejado caer en el vacío la gracia de Dios, por el Amor que no hemos dado, por las veces que nuestra debilidad, preocupaciones, limites fueron mas fuertes que el Amor y la comprensión que les debemos al Pueblo de Dios. Perdón por las veces que no hemos sido verdaderas testigos del Amor y de la misericordia de Señor. Por lo que hemos dejado de hacer por el crecimiento y maduración de las comunidades cristianas, de la Iglesia, del Vicariato de Esmeraldas. Perdón por no haber ayudado lo suficiente a esta Iglesia de Esmeraldas para que pueda crecer como protagonista de su historia de Salvación. En fin un abrazo de reconciliación, de amor y de paz”, concluye sor Berta.
Mons. Arellano, en la homilía retomará estos temas trasformándolos en un invito a devenir cada día mas proféticos en una sociedad ecuatoriana y esmeraldeña que se enfrenta hoy a múltiples desafíos religiosos, sociales, políticos. Por su parte el alcalde, hombre de izquierda, miembro de un partito desde siempre hostil a la Iglesia, declinó su obsequio y agradecimiento a las hermanas con palabras sencillas que traspiraban emoción sincera así como lo fueron las palabras de los representantes de los laicos y de otras instituciones que terminaron todas con entregas de placas recordatorias.
Las celebraciones continuaron luego en el salón parroquial con danza y cantos, homenajes y alegría: Esmeraldas, tierra caliente y calurosa tendrá muchos defectos, mas nunca falla en su capacidad de mostrar cariño y agradecimientos a cuantos la aman de verdad y por ella trabajan con entrega desinteresada.
Comboni Press