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Los misioneros combonianos llegaron a Pozuzo, al otro lado de la cordillera de los Andes, en 1938 para asistir espiritualmente a los colonos alemanes que habían llegado a ese rincón del Perú en 1858. No es el momento de recordar la peripecia de los colonos alemanes, austríacos y tiroleses que llegaron al Perú en busca de una nueva tierra donde asentarse. Esto lo puedes consultar, amable lector, si entras a cualquier página web que hable de Pozuzo.
Aquí quiero recordar las últimas horas del servicio de los misioneros combonianos a esta comunidad de origen europeo, después de haberse dedicado a ella por el espacio de 71 años. Otros detalles aparecerán en unas semanas en la revista Misión sin Fronteras.
El Perú fue el primer campo de apostolado de los misioneros combonianos fuera de África, en 1938. Llegaron precisamente para acompañar a los colonos alemanes de Pozuzo. Los primeros sacerdotes provenían de la que entonces se llamaba la “rama alemana” de los misioneros combonianos, en contraposición a la “rama italiana” de la época. Felizmente, esos dos grupos se fusionaron en uno solo conocido oficialmente como Misioneros Combonianos del Corazón de Jesús.

Desde hace algún tiempo se hablaba de “entregar” la parroquia de Pozuzo al clero diocesano de Huánuco. Los años transcurridos al servicio de los habitantes de esta zona habían sido más que suficientes para dejar una comunidad cristiana bastante organizada. Los misioneros podían retirarse y dejar el campo a los sacerdotes locales.
El día de la entrega llegó. El señor obispo de Huánuco, monseñor Jaime Rodríguez Salazar, misionero comboniano, llegó acompañado de los dos sacerdotes que se harían responsables de la parroquia. El padre provincial de los combonianos, Rogelio Bustos Juárez, no pudo asistir debido a que se encuentra en este momento en Roma, participando del Capítulo general. En su nombre estuvo presente el padre Pedro Quilla, miembro del Consejo provincial. Otros combonianos estuvieron presentes como testigos de que había llegado el día de dar un paso hacia adelante: confiar en el clero local y en la preparación de los católicos del lugar para iniciar un nuevo camino de fe.
La celebración de entrega de la parroquia a los sacerdotes Ezequiel López Tiburcio, nuevo párroco y a su vicario el padre Ricardo Domínguez Espíritu. Se dio en el marco de la inauguración de un nuevo templo en Prusia, a pocos kilómetros de Pozuzo, santuario del Señor de la Divina Misericordia, construido gracias a la generosa ayuda de católicos del viejo continente.
Para hacer más solemne la ocasión y para memoria de las generaciones por venir, el señor obispo confirió el sacramento de la Confirmación a 50 adolescentes de la comunidad parroquial.
El cambio que se ha realizado en Pozuzo, después de una prolongada presencia comboniana, caracterizada también por el servicio de misioneros alemanes, reviste un aspecto de confianza en el clero local y en la madurez de la comunidad cristiana de Pozuzo. Sin embargo, el último párroco, padre Juan Miguel Wörner y católicos comprometidos no dejaron de manifestar su tristeza y pesar típicas de la partida de seres queridos. En medio de todo se ha resaltado el espíritu del misionero que llega, trabaja, deja una comunidad y parte hacia otra donde hay mayor necesidad. Los padres Ezequiel y Ricardo harán frente, con la ayuda de Dios y el apoyo de su obispo, a una nueva realidad, diferente a otros lugares de la diócesis. Y, por último, estos sacerdotes saben que la grey católica que se les ha encomendado, han sido preparadas para aceptar la nueva situación, fieles también al espíritu de superación que han heredado de sus ancestros que llegaron a estas tierras para realizar su sueño en una nueva patria.
P. Miguel A. Villegas, mccj
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